Desde la ventana del hospital, podía ver y apreciar el el hermoso amanecer de Nueva York tenía algo diferente. Podía sentir cómo la ciudad continuaba con su vida, ajena a mi tormenta personal, pero aun así, parecía que cada rayo de sol llevaba consigo las miradas de miles de personas.
Cada vez que me inclinaba hacia el cristal, imaginaba a los periodistas al acecho, esperando mi primera palabra, mi primera aparición fuera de estas paredes.
Sabía que todo esto no iba a detenerse pronto. Y aunqu