Según los doctores, Salem solo tenía algunas contusiones.
El médico veterinario no sabía exactamente qué le había sucedido. Había revisado cuidadosamente cada parte del pequeño cuerpo del gato, palpando con delicadeza, revisando sus patas, sus costillas, su cabeza, buscando alguna señal de daño más grave. Pero fuera de algunos golpes superficiales y un evidente estado de shock, no parecía haber nada que amenazara su vida.
Aun así, Leyla no había dicho nada.
Había permanecido en silencio durante