El sonido del agua corriendo en la ducha de la suite principal fue la señal de salida. Daryel se deslizó fuera de la cama de dimensiones colosales con movimientos felinos, ignorando deliberadamente el sordo dolor que protestaba en sus muslos y el ardor en su piel. Su cuerpo estaba marcado por los dedos de acero de Alessandro, pero su mente volvía a ser un búnker de cemento armado.
Sujetó con delicadeza la pequeña placa de silicona flexible donde había logrado transferir el relieve graso y sud