El amanecer se filtraba en la biblioteca, pero Daryel Metaxis no había dormido.
La luz gris destacaba su rostro pálido, mientras sus ojos celestes estaban inyectados en sangre por la falta de sueño y la intensidad de la información que había procesado.
El disco duro cifrado yacía inerte sobre el escritorio, su contenido ahora grabado a fuego en su memoria: el plan maestro de Alessandro para la aniquilación de Andrés Stewart, un cronograma de setenta y dos horas y la arquitectura de un fraude