HARPER
No entendía esa sensación. Era demasiado extraña, la desconocía por completo; no me sentía yo, pero no sabía cómo más expresarlo. Por dentro estaba furiosa —los celos me quemaban como ácido—, quería golpearlo, y a la vez mis labios ansiaban sus besos; mi piel ardía deseando su tacto, una contradicción que me hizo sentir enferma.
Por alguna razón, cada vez estábamos más cerca. Su sombra cubría todo mi cuerpo, podía sentir su aliento chocar con el mío, tan cerca que cada exhalación parecía