Rafaela despertó después de algunas horas, a su pequeña nariz llegó un abrumador olor a alcohol y medicinas, quiso incorporarse de inmediato pero el dolor en su cintura era casi insoportable, si ella se pudiera ver en un espejo en ese momento se asustaría de su gran palidez, llevó su mano a la herida que estaba envuelta en un vendaje blanco, aún así una pequeña mancha de sangre se podía apreciar en las blancas vendas,
—demonios! que me a pasado?— la hermosa mafiosa se preguntaba maldiciendo qu