PUNTO DE VISTA DE SIMEÓN
Ahora que lo que necesitaba para convertirme en la Alfa Última había llegado a mi vida con sus propios pies, por fin pude respirar en paz. Durante años esperé, recé y luché por este momento. Había sacrificado vidas, derramado sangre e incluso casi perdido mi trono intentando cumplir aquello que creo posible. Y ahora la diosa de la luna por fin se había apiadado de mí. Mi hijo — mi propia carne y sangre— había venido a mí sin que yo lo buscara. No tuve que esforzarme. Ll