El otoño de 2070 fue tan extraño que nadie supo cómo llamarlo.
Las hojas cayeron antes de tiempo, pero no se secaron. Quedaron en el suelo, verdes y húmedas, como si el árbol no quisiera soltarlas. Los arbustos del jardín florecieron fuera de temporada, con flores de colores que nadie había visto antes. Y el agua del fiordo, que siempre había sido oscura, adquirió un tono plateado, como si la luna se hubiera reflejado en ella durante el día.
—¿Qué está pasando? —preguntó Maja, preocupada.
—El c