El pequeño Erik cumplió un año en abril.
La celebración fue sencilla: una tarta, velas, los abuelos reunidos alrededor. Pero para nosotros, los que sabíamos, era mucho más que un cumpleaños. Era la confirmación de que la vida seguía, de que el círculo no se cerraba, de que las preguntas continuarían.
Leo y Sofia vinieron con el niño a pasar el verano en el fiordo. Fueron semanas de luz eterna, de paseos por la orilla, de baños en el agua fría. El pequeño Erik descubría el mundo con esa mezcla d