El invierno de 2043 fue el más largo que recordaba.
No por el frío, que era el de siempre, sino por la espera. Algo en el aire, en el silencio del fiordo, en la forma en que las estrellas brillaban por las noches, me decía que se acercaba un cambio. Un cambio grande. Un cambio definitivo.
Lena lo notaba también. A veces, mientras paseábamos por la orilla, se detenía y miraba el horizonte como si esperara ver aparecer algo. No preguntaba. Solo miraba. Y yo respetaba su silencio.
En febrero, reci