El verano llegó con una intensidad que no recordaba.
Los días eran tan largos que parecían no terminar nunca, y el sol pintaba el fiordo de tonos dorados que cambiaban con cada hora. Las visitas se sucedieron: primero Yuki y Anika, que trajeron noticias de Groenlandia y datos que no acababan de encajar; luego Erik, con su barba más blanca y sus historias del hielo; más tarde, para mi sorpresa, Risten y Eero, que habían decidido pasar juntos el verano en el norte.
La cabaña, que durante el invie