La primavera estalló con una violencia contenida.
El hielo del fiordo se resquebrajó en una sola noche, como si algo, en las profundidades, hubiera decidido que ya era hora. Los primeros pájaros regresaron del sur, llenando el aire con sus cantos desordenados. Las laderas comenzaron a verdear, tímidamente al principio, luego con una urgencia que parecía decir: "No hay tiempo que perder".
Lena y yo recibimos la primavera como siempre: con una caminata hasta el mirador, desde donde se veía todo e