El invierno se instaló con una quietud que parecía eterna.
Diciembre trajo consigo las tormentas, los caminos cerrados, las noches de dieciocho horas. La cabaña se convirtió en nuestro refugio, nuestro mundo, nuestro universo reducido a cuatro paredes y una ventana desde la que mirar la nieve caer sin descanso.
Lena y yo habíamos alcanzado una sincronía que no necesitaba palabras. Sabíamos cuándo el otro necesitaba silencio, cuándo una conversación, cuándo simplemente estar. Era como si los año