La Antártida no era un continente. Era una idea de blanco llevada al absurdo.
La base McMurdo, cuando finalmente llegué después de un vuelo interminable desde Nueva Zelanda, era un milagro de chapa y voluntad humana perdido en la inmensidad. Simon Clarke, periodista especializado en fenómenos extremos, tenía una cobertura impecable: un reportaje sobre la investigación climática en el Polo Sur y sus implicaciones para el resto del planeta. Los científicos, acostumbrados a la curiosidad del mundo