El autobús serpenteaba por carreteras secundarias, alejándose de Brevik y de su silencio cargado. Me senté al fondo, la frente apoyada contra el vidrio frío. El sobre de Lena pesaba en mi bolsillo interior, una presencia física que contradecía la niebla mental que intentaba reclamarme. Silencio. Guardianes. Un mal presentimiento. Los conceptos se deslizaban, resbaladizos, cada vez más alejados de la realidad del asfalto gris y los campos dormidos.
Pasé horas así, en un estado de aturdimiento su