PUNTO DE VISTA DE LEO
El callejón olía a orina y a humedad. Un contenedor verde desbordaba bolsas de basura rotas. Pisé algo blando —una hamburguesa aplastada o tal vez algo peor— y seguí caminando, arrastrando los pies. La ropa que llevaba —la misma del arresto— me quedaba holgada. Había perdido peso.
La libertad. Durante meses la había imaginado como una explosión de luz, una bocanada de aire puro. Pero esto era solo otro tipo de confinamiento: un mundo demasiado grande, demasiado ruidoso, do