PUNTO DE VISTA DE ELOARA
El Telar de Patrones, con sus discos de luz girando silenciosamente, mostraba una anomalía. Una nueva aparición.
No era un nodo de florecimiento, ni una zona de profundidad, ni una nueva capa de conexión humana. Era una serie de micro-ausencias. Pequeños puntos de luz en la urdimbre que, de repente, se atenuaban ligeramente cuando ciertas combinaciones de capas se superponían. No se apagaban del todo. Solo palidecían, como si una parte de su energía vital estuviera siendo… desviada. Era un patrón tan sutil que solo el algoritmo de observación del Telar, calibrado por el legado de mi abuelo Loe, lo había detectado.
Al principio, pensamos que era un error de calibración. Revisamos los discos de cristal, los proyectores, los sensores. Todo funcionaba a la perfección. Las ausencias eran reales. Y seguían un patrón: afectaban primero a nodos de "alta creatividad no comercial" —artesanos experimentales, pequeños círculos de indagación filosófica, conservadores de se