PUNTO DE VISTA DE KIARA
El Monumento del Tejido ya no era un muro. Era una colina viva, un túmulo suave y ondulado de historias, cubierto de musgo y pequeñas flores silvestres que brotaban de las grietas entre los ladrillos. Había crecido más allá de su límite original, serpenteando hacia el jardín, fundiéndose con la tierra. Ya no se podían contar los ladrillos, ni leer todas las historias inscritas en ellos. Su poder ya no estaba en la individualidad, sino en la masa, en el peso colectivo de