PUNTO DE VISTA DE LEO
Los tres días desde el caso del Gran Jack habían pasado con una lentitud agobiante. Cada hora pesaba más, llena de una sensación nueva e inquietante. Era como si me hubieran vaciado por dentro. Ellie había arreglado mi lío, me había salvado la vida y ahora me ofrecía un apartamento. Sus razones —Cara, mi deber— tenían sentido, pero solo conseguían ahondar más ese vacío interior. Se suponía que yo debía ser el que arreglaba las cosas, el proveedor. No un caso de caridad.
Entonces ella preguntó por mis padres. Las palabras sabían a polvo. "Mi padre murió... con la madre de Cara. Accidente de coche". Decirlo en voz alta, para ella, en esa habitación silenciosa, fue un golpe físico. Se me cerró la garganta. El recuerdo de aquella llamada telefónica, el peso aplastante de la responsabilidad que vino después, me golpeó como si fuera ayer.
De repente, su mano estaba en mi brazo. Un simple contacto, pero una calidez se extendió desde ese punto, una tranquilidad que empuj