PUNTO DE VISTA DE KIARA
El Telar de Patrones era una maravilla. Revelaba sinfonías de conexión donde antes solo veíamos melodías sueltas. Pero incluso la herramienta más perfecta tiene sus límites. Y el límite del Telar, descubrimos con un escalofrío colectivo, era su propia belleza. Era tan persuasivo, tan luminosamente lógico, que empezaba a dictar decisiones, no solo a informarlas.
El problema empezó en un valle del lejano oeste, llamado Valle del Canto del Cuarzo. Según el Telar, era un lugar de "baja integración sistémica". Sus conexiones comerciales eran tenues, sus patrones culturales divergían de los de los valles vecinos, su red hidrológica era autónoma. En el mosaico de luz del Telar, aparecía como un parche de colores apagados, rodeado por el vibrante intercambio de la región. El diagnóstico del Círculo de Cartógrafos de Urdimbre fue claro: el valle sufría de "aislamiento relacional". Su recomendación: una serie de intervenciones —un nuevo camino, un festival cultural conju