PUNTO DE VISTA DE ELOARA
El patrón completo necesitaba un nuevo lenguaje. Las superposiciones de mapas, los prismas de luz, las canciones y los ladrillos del Monumento ya no eran suficientes. La complejidad del Gran Tejido, con sus incontables hilos de vida humana y no humana, de cultura y geología, de memoria y posibilidad, exigía un sistema de notación más profundo. Un código que pudiera capturar no solo lo que era, sino la intrincada lógica de cómo se entrelazaba.
La respuesta llegó, como siempre, del borde. De la unión de dos mundos aparentemente inconexos: el de la vieja maestría textil de los telares del sur y la nueva ciencia de patrones que habíamos desarrollado. Fue en uno de los Jardines de Indagación, donde un grupo exploraba la pregunta "¿Cómo habla la estructura?", donde conocí a Idris.
Idris era un joven de origen sureño, pero su mente no estaba en las leyes o la irrigación. Estaba obsesionado con los telares. No con los telares sencillos, sino con los complejos, los que