Desde aquellas palabras de Gabriel, loss días se hicieron una prisión para Emily . Al principio fueron horas; después, uno tras otro, se acumularon hasta formar una pila insoportable que la aplastaba.
Las primeras veinticuatro horas después del estallido habían sido ruido: cristales, gritos, el teléfono con su pantalla quebrada en el piso y una Emily pasando la primera noche en el suelo del salón, envuelta en una bata que olía a vino y perfume barato. No tenía fuerzas para subir las escaleras