|| ADRIÁN ||
Habían pasado tres días desde lo ocurrido y, aunque durante ese tiempo no había pisado la empresa, el trabajo parecía haberse instalado conmigo en casa. Los correos no dejaban de llegar, James me llamaba cada pocas horas para informarme de cualquier movimiento y siempre aparecía algún documento nuevo que necesitaba mi aprobación antes de la mañana siguiente. Estar lejos de una oficina no significaba descansar. En realidad, algunas veces era peor, porque nadie entraba al despacho pa