214. LA DULCE VENGANZA
NARRADORA
Nathan rugió enfurecido, lo amenazó con su lobo a flor de piel, pero al final tuvo que meterse la cola entre las patas.
—Así me gusta, como un buen perrito —Dean saboreó su victoria, su golpe de suerte
—. Me refugiaré con tu hija en el camarote y te doy media hora para partir. Ahí de ti si inventas algo. De verdad, Nathan, no estoy jugando.
Sus ojos fríos y crueles le dijeron a Nathan que, de ex Anciano, no jugaba.
Lo vio tomar con rudeza del brazo a Scarlett, que no paraba de llamarl