183. PREMONICIONES
JULIANA
Era su mate, podía sentir su marca sobre ella.
—Que le diga su mujer quién soy y le dé las explicaciones. Ya no aguanto un segundo más mirándola a la cara —le dije y me marché sin escuchar razones.
Caminé hasta el final de la acera donde había dejado el auto, todo ese tiempo como un autómata, solo avanzando hasta abrir la puerta y sentarme frente al volante.
Con los dedos temblándome, coloqué la cajita en la guantera y la cerré.
Ya las lágrimas empañaban mi visión.
Me llevé la mano a la