La madrugada cae sobre el refugio como una manta húmeda que nadie pidió. La casa entera respira en un silencio extraño: Lucero duerme, Amara intenta descansar, Ayslin permanece despierta en su habitación, mirando el techo, y Liam está sentado en la cocina, sin moverse, con una taza fría entre las manos. La noche parece hecha especialmente para malas noticias. Y llegan.
Primero es un mensaje en el celular de Amara, luego otro en el de Cristóbal, después un llamado perdido de un número privado q