El refugio está sumido en una quietud pesada, una de esas quietudes que no pertenecen a las noches tranquilas sino a las que cargan un presentimiento oscuro, como si el aire supiera algo que las personas aún no lograron descifrar. Amara se encuentra en el pequeño living, sentada en el sillón con las piernas recogidas, abrazando una manta y respirando con esfuerzo para calmar la ansiedad que tiene instalada en el pecho desde la tarde. La casa parece demasiado grande, demasiado silenciosa, cada s