Liam llega a la casa de Astrid entrada la mañana, conduciendo en silencio, con la radio apagada y la mente atrapada en una sucesión de imágenes que no logra ordenar del todo. Aparca frente a la entrada principal, baja del vehículo y se mantiene erguido, profesional, como siempre.
Astrid aparece minutos después, vestida con un abrigo claro y gafas oscuras, y se acerca al auto con paso decidido, aunque Liam nota de inmediato que hay tensión en su forma de moverse, una rigidez que no estaba ahí antes. Ella sube al asiento trasero sin decir palabra, se quita las gafas y apoya la cabeza contra el respaldo.
–Tenemos que hablar –dice finalmente, sin rodeos.
Liam arranca el auto y se incorpora al tráfico con movimientos precisos, atentos, pero mantiene la mirada fija en el camino. – escucho.
–Necesito hacer una conferencia de prensa –continúa Astrid.– para dejar en claro que entre nosotros no hay nada. De manera definitiva.
Liam frunce levemente el ceño y la observa por el retrovisor. –¿