Liam llega a la casa de Astrid entrada la mañana, conduciendo en silencio, con la radio apagada y la mente atrapada en una sucesión de imágenes que no logra ordenar del todo. Aparca frente a la entrada principal, baja del vehículo y se mantiene erguido, profesional, como siempre.
Astrid aparece minutos después, vestida con un abrigo claro y gafas oscuras, y se acerca al auto con paso decidido, aunque Liam nota de inmediato que hay tensión en su forma de moverse, una rigidez que no estaba ahí