Días después, la rutina en la empresa Laveau vuelve a instalarse con una normalidad apenas aparente, porque bajo la superficie ordenada de reuniones pautadas, informes cuidadosamente redactados y correos formales que circulan con precisión casi mecánica, persiste una tensión constante que Amara percibe en cada gesto contenido, en cada saludo demasiado breve en los pasillos, en cada conversación que se interrumpe de manera abrupta cuando ella aparece, como si todos supieran que hay algo pendient