Liam permanece inmóvil, como un soldado en el campo de batalla que sabe que el siguiente movimiento puede costarle la vida. El aire de la iglesia pesa como plomo, cargado de miradas y murmullos que no se atreven a romper el silencio absoluto. Su mente es un torbellino: la voz de Kate aún vibra en su cabeza, aguda, venenosa, imposible de ignorar.
“Todo es un acuerdo. No hay amor. Solo un contrato para salvar la empresa”.
Cada sílaba lo atraviesa como un dardo envenenado. Se siente traicionado,