Narra Liam
Después de lo sucedido, el arrepentimiento no me llega como una idea clara ni como una reflexión ordenada, me llega como un peso constante en el pecho, como una presión que no se va ni cuando intento dormir, ni cuando trabajo, ni cuando miro a mis hijos, ni cuando escucho el silencio de una casa que de repente se volvió incómoda, fría, tensa, porque todo lo que parecía estar reconstruyéndose con Amara se quebró en un segundo de rabia, en un impulso que no supe controlar, en una reacción que me dejó expuesto frente a las cámaras, frente al mundo y, peor todavía, frente a ella.
Los celos y las provocaciones constantes de Jean Pol me fueron empujando de a poco, día tras día, palabra tras palabra, mirada tras mirada, hasta llevarme a un límite que no supe reconocer a tiempo, hasta hacerme creer que tenía derecho a reaccionar como reaccioné, como si la violencia fuera una forma válida de defender lo que amo, cuando en realidad no fue más que una manera torpe y destructiva de arr