–Dijiste que esa era tu primera condición –responde él con una frialdad que parece cuidadosamente construida para no dejar escapar nada más. –La acepto.
La frase cae con un peso definitivo sobre la mesa, y aunque el alivio que invade a Amara es inmediato, casi físico, como si de pronto pudiera volver a respirar después de haber contenido el aire durante demasiado tiempo, ese mismo alivio viene acompañado por una culpa que se instala en su pecho con una intensidad devastadora, porque sabe que l