La mañana llega envuelta en un silencio extraño, demasiado denso para ser normal. El aire en la oficina de Amara parece pesado, como si las paredes mismas supieran lo que está a punto de ocurrir. Sobre el escritorio se acumulan carpetas abiertas, de los diseños de la próxima temporada. Amara las contempla sin verlas. Sus ojos, fijos en el vacío, revelan más cansancio del que su porte elegante intenta disimular.
La puerta se abre despacio, sin estridencias, y aparece Esteban. Trae el maletín en