Horas más tarde, el reloj de la oficina marca el final de la jornada. El murmullo de los teclados se apaga, las luces comienzan a extinguirse una a una. Sophie toma su abrigo ligero con un gesto nervioso, como si ese simple movimiento cargara el peso de una decisión que podría cambiar su vida. Sale del edificio y siente el aire fresco de la tarde que le roza el rostro. Camina con paso apurado hacia la pequeña cafetería de la esquina, esa que siempre la tentaba con el aroma a café recién molido