Liam la mira, temblando de rabia, pero también de algo que no puede reconocer del todo, algo que le duele más que la ira misma. Amara no lo necesita, nunca lo ha necesitado. Pero lo tiene allí, como un muñeco en sus manos, un simple objeto. Un juguete roto. –Tú y yo jamás fuimos más que eso –continúa ella, en voz más baja ahora, pero sin un atisbo de emoción. –Jefa y empleado. Con un simple contrato para casarnos. Nada más.
Esas palabras lo golpean con la fuerza de una tormenta. Como un lat