La recuperación de la casa de modas Laveau no ocurre de manera espectacular ni inmediata. No hay titulares rimbombantes ni cifras milagrosas. Es un proceso lento, casi invisible para quienes miran desde afuera, pero brutalmente exigente para quienes lo sostienen desde adentro.
Primero regresan algunos contratos menores. Luego, un desfile reducido en París. Después, una colaboración inesperada con una firma emergente que devuelve algo de credibilidad al nombre. Nada es definitivo, pero todo suma. Y Amara está en cada detalle, en cada reunión, en cada decisión.
Demasiado.
Las jornadas se estiran más de lo prometido. Las reuniones “breves” duran horas. Las llamadas llegan de madrugada. Y cuando Amara cruza la puerta de su casa, lo hace con el cuerpo cansado, la mente saturada y la culpa acomodándose en el pecho como un peso que no se va.
Los bebés ya están dormidos.
Otra vez.
Liam está sentado en el suelo de la habitación, apoyado contra la cuna, con uno de los niños respirándole sobre