Cristóbal no recuerda haber estado tan nervioso desde la primera vez que sostuvo a Sophie de la mano, porque ahora no se trata solo de amor ni de palabras bonitas, sino de una decisión que va a marcar el resto de sus vidas, y esa conciencia pesa más que cualquier miedo conocido, porque ya no se trata solo de ellos dos, sino del hijo que viene en camino, del futuro que quiere construir y de la certeza de que una promesa dicha sin convicción puede convertirse en una grieta imposible de cerrar.
El