Un jadeo ahogado escapa de sus labios cuando su espalda golpea el frío pavimento. –¡Amara! –Liam se incorpora de inmediato, ignorando su propia caída, sus propios golpes. Su mirada, oscura y preocupada, se clava en ella. –¿Linda estás bien?
Amara parpadea varias veces, sintiendo su respiración errática. El dolor punza en su cuerpo, pero no es eso lo que la inmoviliza. Es el caos. Es la violencia. Es el miedo de que, de un momento a otro, esto se convierta en algo peor.
Ella alza la vista