Liam conduce en silencio, con las manos tan apretadas sobre el volante que los nudillos se le ponen blancos, y por primera vez en mucho tiempo siente que la carretera frente a él no es un trayecto cualquiera sino una especie de línea frágil que separa dos vidas posibles: una en la que logra proteger a todos los que ama, y otra en la que todo se le desmorona entre los dedos, empezando por la persona que menos merece seguir pagando por decisiones que no tomó, Lucero.
Mientras el auto avanza, la