El disparo resuena en la iglesia como un trueno que desgarrara el cielo. El eco rebota en las paredes ennegrecidas por el humo, y durante un instante parece que hasta las llamas contuvieran la respiración.
Liam se tambalea. Sus ojos, oscuros, se abren como si contemplaran el abismo por primera vez. Amara grita su nombre, un grito que no es humano sino animal, desgarrado, primitivo. La bala lo ha alcanzado. La sangre brota de su costado izquierdo, tiñendo la tela blanca de la camisa y el traje