Cristóbal, aún temblando por dentro, aprieta el celular con los dedos entumecidos. Sus nudillos están manchados de sangre seca. Respira hondo, mira a Sophie y a Liam. Ambos lo observan en silencio, atentos, como si el mínimo error pudiera arruinarlo todo. Activa el altavoz y marca.
Al quinto, una voz irrumpe al otro lado, áspera como lija, cargada de veneno. –¿Qué carajos quieres ahora? –escupe Lucas con furia.
Cristóbal traga saliva. No puede titubear. No ahora. Tiene que sonar firme, leal