La llave apenas roza la cerradura cuando Ayslin advierte el murmullo de risas en la sala. Empuja la puerta con cautela y se detiene en el umbral: el suave resplandor de la lámpara revela a Lucas arrodillado sobre la alfombra, haciendo girar un trompo de madera mientras Lucero aplaude, fascinada por aquel torbellino de colores. La escena, casi doméstica, resulta desconcertante; el aire mismo parece sostener la respiración.
–¿Cómo… cómo entraste? –pregunta Ayslin, cerrando tras de sí con un golp