Liam gira el rostro apenas, sin dejar de caminar. Su voz suena tranquila, pero cargada de ironía. –Me llegó una carta de indemnización. Tenía que venir a buscar el dinero, ¿no? Cosas aburridas de gente despedida –responde con una media sonrisa fingida.
–¿Indemnización? –deja escapar una risa breve, afilada. – La única recompensa que ofrece esta casa es veneno, vestido de vino caro. Si te crees esa farsa, estás peor de lo que pensaba.
–No necesito lecciones de moral de un sujeto como tu–dice