Valentina había comprendido desde el primer día que trabajar en el mismo lugar que Nikolas no iba a ser sencillo. Lo aceptó con una mezcla de determinación y cautela, convencida de que podría manejar la situación con madurez. Sin embargo, nunca imaginó cuán difícil sería hasta que el destino los puso frente a frente en uno de los espacios más pequeños y peligrosos del hospital: el ascensor.
Ese lugar reducido parecía tener vida propia. Cada vez que las puertas se cerraban, el aire se volvía más