Ella se separó de Nikolas con una mezcla extraña de calma y nervios. Al dar unos pasos atrás, los observó a todos y le fue imposible contener la risa cuando notó las expresiones de burla en los rostros de sus ahora cuñados. No intentaban disimularlo. Sus miradas cargadas de picardía y esas sonrisas ladeadas dejaban claro que habían entendido mucho más de lo que se había dicho con palabras.
Su risa fue contagiosa. Primero salió suave, luego más abierta, hasta que todos terminaron riendo juntos.