Petrificada.
Así fue como Agnes se quedó detenida a mitad de las escaleras.
Sentía que no podía respirar. El aire parecía haberse vuelto demasiado denso para entrar en sus pulmones y su cuerpo temblaba de una forma que no lograba controlar. No estaba preparada para eso. No estaba preparada para que Ares le pusiera un punto final tan claro, tan definitivo. Durante mucho tiempo había vivido con la absurda certeza de que, hiciera lo que hiciera, él siempre estaría allí. Siempre dispuesto. Siempre