No hubo promesas. No hubo planes.
¿Y de qué se quejaba ella?
No podía reprocharle nada. Siempre había sido clara con él. Siempre había repetido que lo más importante para ella era su libertad. Que no quería ataduras. Que no estaba dispuesta a perderla por nadie.
Cuántas veces no repitió el mismo discurso. Cuántas veces no dijo que había dejado a un marido maravilloso para estar sola. Que la diferencia de edad era un problema. Esa maldita diferencia de edad que, cuando estaban juntos, nunca se s