Poniéndola en su lugar

Ares se encontraba en el suelo de la sala, sentado sobre una alfombra gruesa, jugando con su hijo. Harold reía con esa risa limpia que solo los niños pequeños poseen, ajeno por completo al caos emocional que lo rodeaba. Ares lo observaba con una mezcla de amor y cansancio, intentando aferrarse a ese momento de calma que sabía que pronto se rompería.

La interrupción llegó en forma de una notificación breve, casi impersonal.

-Señor, su esposa está en la puerta.

La palabra esposa le cayó como un g
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