Me crucé con Gabriel. No tuvo que abrir la boca para saber lo que quería preguntarme. Su mirada lo decía todo: ya pensaste en la propuesta del contrato.
La verdad, ese asunto estaba tan lejos de mis prioridades que ni siquiera valía la pena fingir interés. Lo ignoré por completo, pasando de largo sin molestarse en darle una respuesta.
Él solo sacudió la cabeza con una sonrisa burlona, luego señaló con la mirada a las mujeres en el lugar, aquellas que me observaban con evidente interés. No dijo