Aunque no participé en el proceso siempre la escuchaba quejarse.
Llorar a escondidas.
Decir que no podía. A veces repasaba en voz baja las conjugaciones de los verbos, otras practicaba con libros sobre la cabeza como si su vida dependiera de eso. La observaba de lejos, como si fuera parte del mobiliario de la casa.
Seguí en mi mundo.
Reuniones. Cenas. Cócteles vacíos con personas vacías. Y mujeres…
Una que otra pasaba por mi cama. Ninguna se quedaba aunque rogaban por hacerlo.
Mientras recorr